Fundación centro de estudios espiritas Mies de amor - Charla 3 "Hay muchas moradas en la casa de mi Padre"


 HAY MUCHAS MORADAS EN LA CASA DE MI PADRE

“No se angustien ustedes. Confíen en Dios y confíen también en mí. En la casa de mi Padre hay muchos lugares donde vivir, si no fuera así, yo no les hubiera dicho que voy a prepararles un lugar. Y después de irme y de prepararles un lugar, vendré otra vez para llevarlos conmigo, para que ustedes estén en el mismo lugar en donde yo voy a estar”. (San Juan, cap XIV, v. 1,2, y 3).

Con éstas palabras del Maestro Jesús, damos inicio a nuestra charla de hoy, cuyo tema constituye uno de los postulados del espiritismo. Recordemos que la Doctrina Espírita nos enseña la existencia de Dios, la existencia del espíritu, la ley de la reencarnación, la ley de causa y efecto, la ley de evolución universal, la comunicabilidad con los espíritus, la ley de justicia, amor y caridad y la pluralidad de mundos habitados, que nos indica que no estamos solos en el universo y que la vida no es un accidente que se produjo excepcionalmente en la tierra. En la noche de hoy, veremos cuál es la enseñanza que nos dan los espíritus al respecto.

 

Cuando Jesús dijo: “Hay muchas moradas en la casa de mi Padre”, quiso decir que la casa del Padre es el universo, y las diferentes moradas son los mundos que circulan en el espacio infinito y ofrecen a los espíritus encarnados estancias apropiadas a su adelantamiento. En la pregunta # 55 del Libro de los Espíritus, Kardec pregunta: ¿Están habitados todos los globos que circulan en el espacio? A lo que los espíritus responden: “Sí, y el hombre de la Tierra está lejos de ser, como lo cree, el primero en inteligencia, en bondad y en perfección. Sin embargo, hay hombres que piensan ser muy fuertes, que imaginan que tan solo su pequeño globo tiene el privilegio exclusivo de tener seres racionales. ¡Orgullo y vanidad! Juzgan que Dios creó el Universo para ellos solos.” 

Creer que la manifestación de la vida está limitada al único punto que habitamos en el Universo, equivale a poner en duda la sabiduría de Dios, que no hace nada inútil. Observemos algunos datos que nos aporta la ciencia y podremos darnos cuenta que basta con el sentido común para concluir que no puede ser de otro modo. Cuando nos hablan sobre el universo, fácilmente pensamos en sistemas solares y en galaxias, pero, ¿Qué es un sistema solar? ¿Qué es una galaxia? En palabras sencillas un sistema solar es una estrella principal, es decir, un sol, y un grupo de planetas que giran a su alrededor. Una galaxia es un conjunto gigantesco de estrellas y usualmente contiene desde varios millones a más de un trillón de estrellas. Nuestro sistema solar pertenece a la Vía Láctea, galaxia en la cual vivimos, que tiene forma de espiral y que según los cálculos científicos contiene cerca de 200 a 400 mil millones de estrellas, incluyendo nuestro sol. Ahora, la ciencia calcula que en el universo existen billones de galaxias. Como pueden darse cuenta, sencillamente, no nos cabe en la cabeza la cantidad de planetas que danzan en el Universo al compás de la sublime sinfonía de la Creación. La lógica nos dice que es absurdo pensar que la vida haya podido manifestarse única y exclusivamente en éste hermoso planeta al que llamamos Tierra.         

 

La Doctrina Espírita nos enseña la existencia del espíritu, principio inteligente individualizado, inmortal, con conciencia de sí mismo, con libre albedrío para hacer o dejar de hacer, por lo tanto, responsable de sus actos y además se encuentra apto para comprender a Dios. Es creado sencillo e ignorante pero perfectible,  y gracias a la Ley de la Reencarnación nace y renace cuantas veces sea necesario para realizar tareas que van desarrollando sus facultades intelectuales y su sentido moral, de éste modo, de grado en grado, va depurándose, va perfeccionándose hasta convertirse en un espíritu sabio y virtuoso, cumpliendo de ésta manera con otra de las leyes que rigen el Universo como lo es la Ley del Progreso. Como los espíritus no marchan al mismo ritmo, ni tienen el mismo tiempo de antigüedad, da como resultado que encontramos espíritus en los distintos grados de la escala evolutiva, cada uno en condiciones particulares y diferentes los unos de los otros según su adelantamiento. De igual modo sucede con los diversos mundos, que se encuentran en condiciones diferentes los unos de los otros según el grado de adelantamiento o de atraso que tengan los espíritus que los habitan. Hay mundos en el que sus habitantes poseen un grado de desarrollo inferior al que presentan los hombres de la Tierra, física o moralmente; hay otros mundos cuyas humanidades se encuentran en el mismo grado y otros les son más o menos superiores en todos conceptos. En los mundos inferiores, la existencia es enteramente material, las pasiones imperan y la vida moral es casi nula. A medida que el sentido moral se desarrolla, la influencia de la materia disminuye, de manera que en los mundos más adelantados, la vida es por decirlo así, enteramente espiritual.

 

Según la enseñanza dada por los espíritus, y basándonos en sus grados más marcados, podemos clasificar a los mundos de un modo general de la siguiente manera: mundos primitivos, en donde se dan las primeras encarnaciones del alma humana; mundos de expiación y prueba, en donde el mal domina; mundos regeneradores, en donde las almas que ya no necesitan expiar encuentran descanso; mundos felices, en donde el bien sobrepuja al mal, y mundos celestes, morada de los espíritus purificados, donde el bien reina de manera absoluta.

 

Mundos inferiores

Afectos a las primeras encarnaciones del alma humana. En los mundos primitivos los seres que los habitan son rudimentarios, los instintos se manifiestan de manera cruda, sin delicadeza ni benevolencia, no existe la noción de lo justo o lo injusto, impera la fuerza bruta. Su preocupación es alimentarse, satisfacer sus necesidades primarias, pero en las oscuridades de esas inteligencias yace la vaga intuición de un Ser Superior, lo que los prepara para el desarrollo de una vida más completa. En éste nivel, los espíritus se encuentran en la infancia, por lo tanto no son seres degradados, son niños que crecen.

 

Mundos de expiación y prueba

En estos mundos predomina el mal sobre el bien, los intereses materiales se imponen sobre los intereses espirituales. La superioridad de la inteligencia entre la mayoría de sus habitantes, indica que no son mundos primitivos destinados a la encarnación de espíritus que recién comienzan su proceso evolutivo. Las cualidades innatas que llevan consigo son prueba de que han vivido ya y que han realizado cierto progreso, pero también los vicios a que se inclinan, son indicio de una gran imperfección moral. Estos mundos, sirven como lugar de destierro a los espíritus rebeldes a la ley de Dios, y allí luchan a la vez, contra la perversidad de los hombres y contra las inclemencias de la naturaleza, realizando un doble trabajo que desarrolla al mismo tiempo las cualidades del corazón y las de la inteligencia.  

 

 

Mundos regeneradores

En estos mundos que sirven de transición entre los mundos de expiación y los mundos felices, el alma arrepentida encuentra calma y reposo. El hombre aún se encuentra sujeto a las leyes que rigen la materia, pero ya no es esclavo de las pasiones desordenadas comunes en los mundos de expiación y prueba, no se encuentra bajo la tiranía del orgullo, la envidia ni el odio. Al contrario de lo que sucede en los mundos de expiación y prueba, en los de regeneración prevalecen los intereses del espíritu sobre los intereses de la materia, existe la tendencia a tratarse con amor y un sentido de equidad establece las relaciones sociales. Todos reconocen a Dios y procuran cumplir sus leyes. Allí, los hombres aún tienen pruebas que pasar, pero no enfrentan las amarguras de la expiación. 

 

Mundos felices

En estos mundos las condiciones de la vida moral y material son muy diferentes. La forma humana se encuentra embellecida y purificada. El cuerpo físico no está sujeto a las enfermedades ni al deterioro que engendra el predominio de la materia y los sentidos tienen percepciones que aún nosotros no hemos desarrollado debido a la influencia de la materia. La infancia es más corta y hay mayor longevidad. Las relaciones entre los pueblos siempre son amistosas, no hay amos ni esclavos, ni privilegiados por nacimiento, la superioridad moral e inteligente es la única que establece la diferencia de condición, y la autoridad siempre es respetada porque sólo se da al mérito y es ejercida siempre con justicia. El hombre trabaja para elevarse sobre sí mismo y todos los sentimientos tiernos y elevados de la naturaleza humana se encuentran allí aumentados y purificados. Lazos de amor y fraternidad unen a todos los hombres y los más fuertes ayudan a los más débiles. El mal, allí no existe.

 

Los espíritus encarnados en un mundo no están sujetos indefinidamente a él, ni cumplen en él todas las fases progresivas en su proceso evolutivo para llegar a la perfección. Cuando el espíritu alcanza en un mundo el grado de adelanto que éste le permite, reencarna en otro más avanzado y así sucesivamente hasta llegar al estado de espíritu puro. Para el espíritu es una recompensa pasar a un mundo de un orden más elevado, como también es una aflicción permanecer en un mundo atrasado o incluso verse relegado a un mundo más primitivo que el que se ven obligados a dejar cuando se obstina en el mal.        

 

Los espíritus avanzan de mundo en la medida que evolucionan, y a su vez los mundos avanzan en la medida en que los espíritus que los habitan evolucionan.  

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"El hombre no posee el poder de crear vida. No posee tampoco por consiguiente, el derecho a destruirla"
Mahatma gandhi

"Se reconoce al verdadero espírita por su transformación moral y por los esfuerzos que realiza para dominar sus malas tendencias"
Allan Kardec
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